A PLAZA DE MAYO




Dijimos que la "pelea entre capitalistas" la terminaría pagando el pueblo.

No nos hemos equivocado.

El choque entre la patronal agraria y aquellas que apoyan al gobierno no solamente ha acentuado la inflación: está en camino una nueva devaluación del peso, como lo muestra la salida de dólares y la fuga de capitales de los últimos días.

Este ‘golpe de mercado', pero con la complicidad del gobierno, apunta a ‘contentar' a los dos sectores capitalistas: reforzar la necesidad fiscal del gobierno para pagar la deuda y reforzar, simultáneamente, la rentabilidad de la agro-exportación.

Este ‘golpe de mercado' manda al diablo los techos salariales que la burocracia oficialista de los sindicatos ha pactado con las patronales bajo la vigilancia del gobierno.

Vuelve a plantear el tema de los salarios y de las jubilaciones, el tema de la carestía alimentaria y de la pobreza, el tema de la educación y de la vivienda.

La agenda de la mayoría nacional no son las retenciones del campo o el ‘superávit fiscal' del kirchnerismo: esa agenda son las condiciones de vida y de trabajo de las masas.

La agenda son las luchas violentamente reprimidas por la policía del gobierno, como ha ocurrido esta semana con Maffisa y hace poco con el Casino.

Son las luchas como las de los mineros de Aguilar, en Jujuy, o de Sierra Grande, donde la superexplotación acompaña el monto de beneficios más alto de la historia para los pulpos mineros.

Contra el nuevo saqueo devaluacionista planteamos:

  • Reapertura de las paritarias con delegados electos por la base.
  • Salarios y jubilaciones móviles con el costo de vida.
  • Nacionalización de los bancos y de las AFJP, bajo control de los trabajadores
  • Nacionalización de los pulpos agrarios, de los puertos privatizados y del comercio exterior; defensa de los campesinos contra las expulsiones de las sojeras.
  • Solidaridad con las luchas obreras de todo el mundo.
  • Viva la rebelión del hambre en Haití, fuera las tropas ocupantes de los Kirchner, los Tabaré, los Lula y los Uribe.

A PLAZA DE MAYO PARA DEFENDER NUESTRAS LUCHAS

Un Primero de Mayo con los hambrientos de Haití, los siderúrgicos de Venezuela, los campesinos de Bolivia

Desde hace años, las corrientes y militantes de la clase obrera y de la izquierda, del movimiento piquetero, de las fábricas recuperadas, de las organizaciones de derechos humanos y del movimiento estudiantil venimos ocupando la Plaza de Mayo, el 1º de Mayo, para reafirmar la defensa de las luchas, la defensa de las reivindicaciones de los trabajadores y la unidad internacional de los explotados por el capitalismo.

Es lo que vuelve a plantearse el próximo 1º de Mayo, quizá más que nunca, para defender las luchas y a los trabajadores del Subte, de Mafissa, de las líneas de colectivos, de Dana, de Zanón, de Minera Aguilar, del sindicato del Neumático, del Casino, de los Supermercados Coto, de los bancarios que pelean contra los pulpos y contra Zanola, y a las numerosas comisiones internas combativas que defienden la autonomía y la organización en los lugares de trabajo contra las patronales y la burocracia.

Un 1º de Mayo para rechazar el tope salarial a las paritarias y la flexibilidad laboral, y para reclamar que las convenciones colectivas se aprueben por las bases sindicales en asambleas.

Asumimos el lugar que deberían ocupar la CGT y la CTA, si fueran realmente organizaciones independientes de la clase obrera de la ciudad y del campo.

El próximo 1º de Mayo está cruzado por la lucha de los siderúrgicos de Sidor, en Venezuela, que está golpeando al principal pulpo explotador de los obreros de Argentina.

Está cruzado por la rebelión popular en Haití, debida a la misma carestía que está empobreciendo a los oprimidos de nuestro país.

Está cruzado por la lucha de los campesinos y obreros de Bolivia contra la conspiración de la derecha y por la expropiación de los latifundios y grandes capitales sojeros.

En el reconocimiento de la necesidad de unirnos en esta defensa, se manifiesta la conciencia de clase de los luchadores y activistas.

El destino histórico de Argentina no está determinado por los roces entre los distintos bloques capitalistas que, como ocurre siempre, acabarán entendiéndose entre ellos contra las masas.

Ese destino está determinado por el antagonismo irreconciliable de la clase obrera de la ciudad y el campo y las masas urbanas y campesinas pobres, de un lado, con el gran capital financiero, industrial y agrario, del otro.

Por un salario mínimo igual al costo de la canasta familiar.
Por el 82 por ciento móvil a todos los jubilados.
Reapertura de las paritarias ante el avance de la inflación.
Por el no pago de la deuda externa.
Por la nacionalización de los pulpos agrarios, sus puertos privatizados, los bancos y el comercio exterior.
Por el control obrero y la gestión de la economía por parte de los trabajadores.

PRIMERO DE MAYO

POR UNA PLAZA DE LOS LUCHADORES




La crisis de las últimas semanas no dejó otro saldo que un incremento de la carestía, por un lado, y el compromiso del gobierno de pagarles a los usureros del Club de París, por el otro.

Las patronales agrarias quieren alimentos caros y el gobierno quiere impuestos para pagar la deuda externa.

Estas contradicciones han desatado una crisis que envuelve a las gobernaciones y al pejotismo que Kirchner pretende reinventar.

Sin embargo, el gobierno y los capitalistas que lo apoyan, de un lado, y las patronales del campo, del otro, han ocupado todo el escenario nacional con sus demandas onerosas para el pueblo, mientras los burócratas de los sindicatos firmaban acuerdos salariales que, en promedio, no superan el 16 por ciento – cuando la inflación es del 25 por ciento.

Es hora, entonces, de que los trabajadores y sus organizaciones de lucha hagan oír sus propios reclamos – incluidos los obreros que menos voz tienen, los obreros del campo y los campesinos que son expulsados de sus tierras por las patronales sojeras.

Es cierto que dentro de la propia izquierda han aparecido diferencias políticas de fondo que no deben ser disimuladas, en especial porque muchas posiciones comprometen el futuro de la clase obrera.

El 1 de Mayo plantea colocar al frente los intereses de conjunto de los trabajadores, frente a las clases explotadoras, en sus diferentes variantes.

Llamamos a todas las organizaciones que se reconocen en la lucha del proletariado a organizar un 1 de Mayo independiente, clasista e internacionalista.

Solamente una manifestación independiente podrá unir a los obreros y campesinos de América Latina contra el frente del terrorista Bush y el paramilitar Uribe, que busca liquidar la independencia nacional de nuestros países.

Solamente una acción independiente en Plaza de Mayo podrá plantear la defensa de la clase obrera y los campesinos-indígenas bolivianos asediados por la oligarquía sojera y los pulpos petroleros, con el concurso de las cancillerías ‘amigas’, como las de Lula, Kirchner, Uribe y los también ‘amigos’ de la Unión Europea.

Un 1 de Mayo internacionalista servirá para defender, una vez más lamentablemente, al pueblo de Haití, que está protagonizando huelgas contra el hambre frente a la ocupación militar que sufre de parte de generales argentinos y de otros países de América Latina.

Un 1° de Mayo para que los Patti no salgan de la cárcel, pero sí puedan hacerlo las Romina Tejerina, víctimas de un sistema que no les da salida.
Un 1° de Mayo para que los apropiadores de María Eugenia reciban el castigo que se merecen y no las penas para ladrones de gallinas.

Un 1° de Mayo para que ninguna patota sindical se atreva con los delegados, los activistas y los luchadores.

Expresemos con una movilización independiente la voluntad de conquistar la supremacía política de la clase obrera, que hasta ahora detentan sus explotadores y los saqueadores del país.

UNA PELEA ENTRE CAPITALISTAS


No nos movilizamos con Moyano, D´Elía y Yasky
para apoyar al gobierno de Telefónica, Repsol y Peugeot


La inmensa mayoría de la población asiste azorada y confundida a una pelea entre dos polos capitalistas, que los trabajadores ya están pagando con desabastecimiento y que pagarán con una mayor carestía cuando terminen transando en esta pulseada.

El capital agrario quiere una rebaja de retenciones a las exportaciones, que le permita, en especial a los grandes pulpos, acaparar una mayor parte de la renta que genera el alza fenomenal de los precios internacionales.

Al mismo tiempo, ese capital sabotea el pago del impuesto inmobiliario, mediante la evasión y la valuación fraudulenta de sus campos.

El gobierno no acepta el reclamo sobre las retenciones con el argumento de que necesita mantener su política de devaluación del peso, para premiar a los pulpos exportadores automotrices, siderúrgicos, pesqueros, mineros, petroleros, vitivinícolas, citrícolas y de todo otro tipo. Pero principalmente, para pagar la deuda pública, que sólo en 2007 se incrementó en ¡15.000 millones de dólares!

Se trata de una pugna al interior de la clase capitalista, que en cualquier caso derivará en una mayor carestía, que perjudicará, por sobre todo, a los obreros de la industria y del campo, y a la clase media trabajadora.

La Federación Agraria Argentina, cuyo lejano pasado la identifica como representante de los chacareros que luchaban contra los terratenientes, ha hecho en esta ocasión un frente único con ellos y con el conjunto del capital agro-financiero-exportador.

Numerosas organizaciones de izquierda se han adherido a esta alianza esgrimiendo la coartada de que defienden a los pequeños productores.

La CGT, la CTA y otras tendencias populares han elegido ponerse del lado del gobierno que entrega el petróleo; impone topes salariales por debajo de la inflación, no cumple con el 82 por ciento móvil; tiene un pacto empresarial con los grupos mineros y con los que depredan la riqueza pesquera, y también con saqueadores confesos como Taselli o los amigos capitalistas del juego del matrimonio; que defiende a muerte a los pulpos como Techint y los ‘sobreprecios'; ataca y reprime a los docentes y a los trabajadores del subte, del Casino, del Hospital Francés, de Parmalat y tantos otros.

Se ponen del lado del gobierno de Telefónica y Telecom, que superexplotan a los jóvenes de los ‘call center', pero en cuyo capital se encuentran amigos del oficialismo como Werthein - uno de los principales terratenientes de Argentina.

Es el gobierno de los Eskenazi (Repsol), Elsztain (del pulpo agrario Cresud), Urquía (de la agro-industrial-exportadora Aceitera General Deheza).

Es el gobierno de Grobocopatel, compañero de viaje de negocios del matrimonio presidencial.

Es el gobierno de la 4 x 4 con la que el ex ministro pingüino Varizat atropelló a las maestras y maestros de Río Gallegos.

¿Puede defender al pueblo un gobierno que defiende con encarnizamiento estos intereses?

La CGT y la CTA se ponen del lado del gobierno que continúa permitiendo que la valuación fiscal de los campos, sobre la que se pagan los impuestos inmobiliarios, sea ochenta veces inferior al precio de mercado de la hectárea de tierra.

La CGT y la CTA llaman a una movilización en apoyo a este gobierno de la gran patronal, movilización que nunca realizaron para luchar contra los techos salariales, por la abolición del trabajo en negro, por el 82% móvil para los jubilados, o el fin de la flexibilidad laboral.

Los obreros no tienen nada para ganar con esta movilización, pero sí mucho para perder, porque al final el gobierno de la entrega minera y la inflación acabará pactando con el gran capital agrario sobre las espaldas de los trabajadores.

Denunciamos que lo que ocurre es un conflicto al interior de la clase capitalista.

Nuestro planteo es:

  • Nacionalización de los grandes capitales que controlan el 50 por ciento de las tierras y de la producción agraria, y el 90 por ciento del comercio exterior, para impulsar una política de poblamiento agrario en beneficio de chacareros y obreros del campo.

  • Nacionalización del comercio exterior y de los puertos privados, por donde se contrabandea la producción de Argentina y se evaden miles de millones de pesos.

  • Defensa del obrero rural: salario mínimo igual al costo de la canasta familiar, control obrero de las condiciones de trabajo y garantía anual de sus ingresos.

  • Nacionalización de la minería y del petróleo y enjuiciamiento a las camarillas gubernamentales que se han asociado a ellas en las provincias mineras y petroleras.

  • Eliminación de todos los impuestos al consumo, por impuestos elevados y progresivos a las ganancias y rentas de los grandes capitalistas.

La crisis presente demuestra que se necesita una reorganización del país sobre nuevas bases sociales y políticas.

La salida es obrera, popular y socialista.