EL DENGUE LOS RETRATA


Hace un par de semanas advertimos, desde estas páginas, que el dengue causaría más daño, en Tartagal, que los deslizamientos de tierras.


Ahora se ha convertido en epidemia en el Chaco.

Dos provincias gobernadas por los K -y por los más ‘jóvenes' de ellos, o sea por los más arribistas.

Pero también dos provincias sojeras, donde el avance de la frontera del cultivo ha llegado más lejos, junto a Santiago y Formosa.

Dos provincias donde la deforestación para sojizar ha sido implacable, así como el uso de productos tóxicos en la actividad agraria.

Dos provincias donde la pobreza ha crecido en forma paralela a la sojización.

El mecenazgo ‘cultural' de Capitanich ya no será suficiente para encubrir el carácter depredador de la gestión de los recursos humanos.

La reaparición del dengue desmiente para siempre la identificación del oficialismo con la "redistribución de los ingresos" o la pretensión de que en el interior se manifiesta la calidad de la gestión de gobierno que las grandes ciudades le niegan a los K.

En las vísperas de la convalidación del adelantamiento de las elecciones por parte del Senado, el estallido del dengue en el Chaco debe ser una bandera para condenar al oficialismo patronal y a la oposición patronal con igual fuerza.

Traza una delimitación objetiva para los trabajadores: la necesidad de luchar contra el capitalismo, la necesidad de una reapropiación humana de la naturaleza y de la vida, o sea de la sociedad.

Por eso llamamos a formar una coalición anticapitalista de lucha - una coalición de combate al capital.

Es el horizonte que trazamos para todos los movimientos que emergen en la clase obrera, en la juventud, en las organizaciones de la mujer y en los barrios, en oposición a la burocracia sindical al servicio de los patrones y del Estado, y en oposición a los que, para defender al capitalismo, fabrican la miseria social al por mayor.

No queremos Coaliciones Cívicas ni Transversales sino de clase; una Coalición para la lucha, una unidad para la acción.

¿A QUIÉN SIRVE EL CONGRESO?




Cuando decenas de miles de trabajadores están perdiendo el empleo, o sufren suspensiones y reducciones de trabajo y de salarios, el Congreso está empeñado en lograr una sesión especial para eliminar las retenciones a la soja.

Es cierto que el precio del poroto ha caído, pero incluso así es alto en términos históricos.
Los obreros rurales, mientras tanto, siguen siendo los peor explotados del país, en negro, y sus hijos los más pobres de Argentina.

Pero el Congreso no está buscando organizar una sesión especial para atender al trabajador rural, sino al capitalista agrario.

No para prohibir los despidos, sino para llevar al país a una devaluación ruinosa.

La rebaja de las retenciones a la soja tampoco le va a dar una solución duradera al chacarero, sea pequeño o mediano, porque el negocio agrario está manejado por pulpos financieros que esquilman a los que se encuentran en la parte inferior de la escalera.

¿Por qué no se movilizan, entonces, por la nacionalización de los monopolios del comercio exterior, que se quedan con la mayor parte del excedente, o de los bancos, que les cobran tasas usureras, o de los de los agroquímicos, que se abusan con el precio de sus productos?Porque en ese caso tendrían que aliarse con los trabajadores.

Creen que aliados a los terratenientes y fideicomisos agrarios les quedará una parte de las retenciones, si se eliminan.

Se equivocan; la crisis mundial se los llevará puestos, y sus tierras o maquinarias terminarán en las manos de los grandes grupos económicos.

Ningún trabajador puede secundar esta causa que va contra la clase obrera y que está condenada al fracaso.

¿Y los K?

Para neutralizar al Congreso que se ha ido convirtiendo en opositor, quiere reunir un Consejo Económico y Social bajo la batuta de la Unión Industrial y de la burocracia sindical, que vienen pidiendo a gritos la mega-devaluación de la moneda y se han puesto de acuerdo para liquidar sin fecha las paritarias.

Del Congreso guate-mala, al kirchnerismo guate-peor.

Denunciamos por igual al Congreso y al gobierno; a la patria sojera de la oposición y a la patria contratista del oficialismo.

La cuestión central es defender el trabajo contra el capital -sea industrial, comercial, agrario o financiero.

Que se prohíban los despidos y suspensiones.

Que se repartan las horas de trabajo disponibles sin afectar el salario.

Por la nacionalización de la banca, de la gran industria, del capital terrateniente y de los pulpos exportadores para posibilitar un plan de reactivación y de reconstrucción económica al servicio de los que viven de su trabajo.

HAY QUE NACIONALIZAR LA GRAN INDUSTRIA


En todo el mundo, los trabajadores están pagando la crisis capitalista con un alto precio de despidos y pérdidas de empleo, de salarios y vivienda.

Dos millones de despidos hubo en Estados Unidos entre diciembre y febrero; en Brasil, 600 mil en enero; en Italia, también 600 mil pasaron al seguro al parado desde principios de año; en España la tasa de desocupación (oficial) llegó a un catastrófico 16 por ciento.

Los gobiernos capitalistas se esfuerzan por rescatar a banqueros y a industriales, al costo de billones de dólares de dinero fiscal, pero los trabajadores son cubiertos por el seguro de empleo apenas durante algunas semanas.

En nuestro país, los despidos están diezmando a los trabajadores con contratos precarios o en negro y las suspensiones y las reducciones de jornada laboral y salarios a los efectivos.

Sin embargo, la industria automotriz de Córdoba ya ha dicho que deberá prescindir de la mitad de su personal, lo que tendría un efecto devastador en la industria de autopartes, donde diez mil metalúrgicos perderán el empleo en las próximas semanas.

Lo mismo ha anunciado la industria petrolera, obligando a los obreros de las constructoras de sus yacimientos a cortar las rutas en el norte y en el sur.

Curtidores y frigoríficos, dos industrias que manufacturan materia prima típicamente nacional, están a la cabeza en los despidos.

Los planes oficiales para comprar autos, bicicletas, heladeras o computadoras no han resuelto nada; solamente han servido para beneficiar a algunas concesionarias y bancos intermediarios.

La CGT no ha encontrado mejor salida que autorizar la postergación de las paritarias, ‘comprando' de este modo el argumento ‘neo-liberal' de que los aumentos de salarios agravan el desempleo.

La clase capitalista -fundamentalmente la gran industria-, los terratenientes y los banqueros, tiene una responsabilidad fundamental en el estallido del desempleo masivo, porque de ella depende la inversión y la contratación de la fuerza de trabajo.

Si la organización social que le permite al capitalista enriquecerse a costa de los trabajadores no es capaz de operar en forma normal, significa que se ha agotado.

Si el capitalista no es capaz de enderezar a la sociedad que usufructúa, quiere decir que no tiene las condiciones mínimas para reclamar un status dirigente.

Los trabajadores no pueden aceptar esta paralización, porque les va su vida y las de sus familias.

Lo mismo ocurre con los trabajadores independientes o con los pequeños productores.
El despido masivo significa también el abandono y el desgaste del activo industrial y productivo que fuera construido por medio de la explotación prolongada de millones de trabajadores.

Hay una salida: para defender el trabajo y la industria, el poder público debe proceder a su nacionalización, así como a la nacionalización de los bancos y del gran capital agrario y comercial.

No para rescatar ni compensar a los grandes capitalistas, sino para poner en marcha una serie integral de medidas reactivadoras que movilice todo el proceso productivo.

¿O el país tiene, acaso, sus necesidades completamente satisfechas?

El capital cierra las puertas de las fábricas cuando las necesidades y las carencias son mayores que nunca, desde las elementales como la alimentación, la vivienda y la salud, hasta las estratégicas y productivas, como la reorganización ferroviaria, la industrialización del campo y la informatización de la industria, el desarrollo de la infraestructura física o de la energía, o la exploración petrolera.

En oposición al despilfarro de la plata de la Anses para socorrer a negocios capitalistas que no tienen futuro con la crisis; en lugar de nacionalizaciones truchas para rescatar el capital de los accionistas y pagar las deudas de empresas y bancos vaciados; en oposición, en definitiva, al salvataje sin salvación del capital, reivindiquemos la nacionalización, sin compensación, de la gran industria, la banca, el capital terrateniente y los monopolios comerciales y de servicios para reorganizar al país sobre nuevas bases sociales, o sea bajo la dirección de los trabajadores.